

Sonitus es una travesía sonora y estelar donde convergen el eco del universo y la vibración de la materia. En esta sección exploramos fenómenos astronómicos y acústicos con un enfoque accesible, lúdico y científico. Aquí el cosmos no solo se mira, también se escucha. Porque todo en el universo —hasta el silencio— tiene frecuencia.
Objetivo
Explorar y divulgar, de manera clara y creativa, los vínculos entre la astronomía y el sonido, promoviendo la curiosidad científica mediante la explicación de fenómenos cósmicos y acústicos que revelan cómo vibra, resuena y se expresa el universo en frecuencias que pueden sentirse, imaginarse o incluso escucharse.
En Sonitus
El universo deja de ser sólo imagen para convertirse en vibración, eco y resonancia. Aquí descubrimos que el cosmos no solo se observa, también se interpreta y se siente a través del sonido. Esta sección es una invitación a escuchar lo inaudible, a traducir ciencia en emoción, y a comprender que cada rincón del espacio —aunque parezca silencio absoluto— vibra con la música oculta del universo. Porque al final, todo lo que existe… suena.

Temas

El sonido del Big Bang
– Recreaciones del eco cósmico en audio.
–¿Qué nos dice la radiación de fondo?
¿Se puede oír el espacio?
-Explicación sobre el vacío y la imposibilidad del sonido en el espacio.
-La NASA y sus «traducciones sonoras» de datos astronómicos.
Sonificación de datos astronómicos
-Cómo se convierten las imágenes de galaxias o estrellas en música.
-Ejemplos con supernovas, agujeros negros o exoplanetas.
Las frecuencias del universo
-¿A qué «nota musical» vibra el Sol?
-Vibraciones naturales de planetas y estrellas.
Auroras boreales y susurros solares
-Relación entre el viento solar, el campo magnético y los sonidos que se generan en la Tierra.
DIFERENCIA ENTRE OBJETOS ESPACIALES.

¿Alguna vez has pedido un deseo al ver una estrella fugaz? Bueno, pues te tenemos una noticia. Eso que viste no era una estrella… era algo mucho más emocionante. ¡Era una roca espacial ardiendo en la atmósfera!
Seguramente alguna vez hasta escuchado los términos meteoro o meteorito, y tal vez los de meteoroide o incluso aerolito. Pues resulta que los cuatro términos tienen que ver con objetos venidos del espacio, pero en diferente momento.
Un meteoroide es un fragmento de roca o metal que aun viaja por el espacio antes de entrar en la atmósfera de un planeta. Puede ser tan pequeño como un grano de arena o tan grande como una roca. Estos fragmentos provienen de cometas o asteroides.

Ahora, cuando un meteoroide entra en la atmósfera de la Tierra y se quema debido a la fricción con el aire, lo llamamos meteoro. Este es el fenómeno luminoso que vemos en el cielo, comúnmente conocido como “estrella fugaz”.
Pero no todo queda ahí. Si este meteoro no se desintegra por completo y logra llegar a la superficie de la Tierra, cambia de nombre. Ahora se le llama meteorito. Estos son los fragmentos que sobreviven al calor y la velocidad, y terminan aterrizando en el suelo. Estos fragmentos están conformados principalmente por hierro y níquel.

El sonido de un meteoroide al impactar contra Marte, creado a partir de datos registrados por el módulo de aterrizaje InSight de la NASA, es similar a un «bloop» debido a un peculiar efecto atmosférico. En este clip de audio, el sonido se escucha tres veces: cuando el meteoroide entra en la atmósfera marciana, explota en pedazos e impacta la superficie
Crédito NASA/JPL-Caltech/CNES/IPGP
Contacto (1997): radioastronomía, datos astronómicos y la construcción de sentido científico.
Por Eddie Ortega

El estreno de Contacto en 1997, dirigida por Robert Zemeckis y basada en la novela homónima de Carl Sagan, marcó un hito dentro del cine de ciencia ficción. No fue una producción que apostara por los estereotipos de naves espaciales o guerras interplanetarias, sino por un enfoque que vinculaba ciencia real, reflexión filosófica y cuestionamiento espiritual. En particular, puso en el centro a la radioastronomía, disciplina que escucha el universo a través de ondas de radio, y al riguroso tratamiento de los datos astronómicos.
La protagonista, la doctora Ellie Arroway (Jodie Foster), es presentada como una científica entregada al proyecto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence). Su quehacer refleja con fidelidad la práctica de la radioastronomía: la recolección continua de señales cósmicas, su almacenamiento y análisis, y la necesidad de descartar interferencias de origen terrestre antes de aceptar cualquier hallazgo como válido. La película enfatiza que la ciencia no avanza con revelaciones instantáneas, sino con procesos de verificación y contraste, donde la interpretación adecuada de la información es tan crucial como la señal misma.
Un aspecto notable es cómo se retrata la metodología científica aplicada al análisis de datos astronómicos. Cuando la protagonista detecta la transmisión extraterrestre, la narración muestra la secuencia lógica de pasos: repetición del registro, comprobación en distintas estaciones, eliminación de explicaciones alternativas y validación por pares. Este enfoque subraya la importancia del rigor científico y evita la visión simplista de que un descubrimiento se sostiene únicamente por el azar o la intuición.
La cinta también introduce un debate epistemológico: la tensión entre lo que puede demostrarse con datos y lo que, por limitaciones técnicas o conceptuales, debe asumirse como interpretación. Arroway experimenta un viaje que no logra documentar con pruebas objetivas, lo que la coloca en una posición paradójica: la defensora de la evidencia se ve obligada a pedir un acto de fe. En esta contradicción se revela una de las ideas más profundas de la obra: el conocimiento humano se construye no solo sobre certezas medibles, sino también sobre convicciones que trascienden el dato duro.
Por otra parte, el filme expone cómo la ciencia no ocurre en un vacío. La señal detectada y su análisis son rápidamente absorbidos por dinámicas políticas, mediáticas y religiosas. Lo que debería ser patrimonio de la humanidad se transforma en un recurso estratégico sujeto a intereses de poder. Así, la película muestra la vulnerabilidad de la investigación científica frente a presiones externas que buscan moldear la interpretación de los datos según conveniencias ajenas al conocimiento.
A más de dos décadas de su estreno, Contacto mantiene su vigencia en un contexto donde telescopios como el James Webb y radiotelescopios globales continúan la búsqueda de señales. La obra cinematográfica se convierte en un recordatorio de que la ciencia requiere no solo de tecnologías cada vez más precisas, sino también de un compromiso ético con la correcta interpretación y comunicación de los resultados.
Contacto trasciende la ficción al plantear un dilema vigente: ¿cómo gestionaríamos, como comunidad científica y como sociedad, un hallazgo que desafía los límites de la comprensión humana? La respuesta no está únicamente en los datos, sino en la manera en que aprendemos a interpretarlos y otorgarles sentido.
